Tuberculosis sistémica en un
adolescente con lupus eritematoso
sistémico: reporte de un caso que se presentó
clínicamente como síndrome hemofagocítico
La tuberculosis (TB) infantil predominantemente
es consecuencia de la progresión de una TB primaria,
mientras que la afectación extrapulmonar
es mucho más frecuente que en los adultos. Hasta
25% de los pacientes desarrollan formas extrapulmonares,
y de éstas 75% son ganglionares y 15%
corresponde a TB meníngea.1
A excepción de los pacientes menores de 5 años
de edad, la tuberculosis sistémica se presenta asociada
a inmunosupresión en otros grupos etáreos.
Esto se debe a que la enfermedad miliar se desarrolla
debido a la rotura de un pequeño foco caseoso
hacia el torrente sanguíneo o por deficiencia de los
mecanismos de defensa para contener la infección,
tales como inmadurez de la respuesta inmune en
edades tempranas, pacientes con VIH/SIDA y aquellos
bajo tratamiento con esteroides u otros fármacos
inmunosupresores que incrementan el riesgo
de progresión de la infección latente a enfermedad
clínica.2.
Descripción del caso.
Paciente de 15 años de edad y género femenino,
proveniente del Estado de México, con lupus eritematoso
sistémico (LES) diagnosticado en agosto de
2009, bajo tratamiento con prednisona 0.7 mg/Kg/
día y azatioprina 2 mg/Kg/día..
Inicia su padecimiento el 12 de diciembre de
2009 con fiebre de 40 ºC que remite con paracetamol
a 10 mg/Kg/día, los dos días siguientes persistió
febril hasta 38 ºC. El 14 de diciembre de 2009
se agregó rinorrea hialina y congestión nasal.
El 15 de diciembre de 2009 acude al servicio de
urgencias del Instituto Nacional de Pediatría (INP).
A la exploración física se encuentra: peso 33 Kg
(percentila <3), talla 160 cm (percentila 25-50),
FC 108/min, FR 28/min, temperatura 36.8 ºC, TA
102/60 mmHg, hipoventilación subescapular derecha
a la auscultación de campos pulmonares, resto
de exploración física normal. La biometría hemática
reporta: Hb 9.9 mg/dL, Hto 28.2%, leucocitos
6800 mm3, neutrófilos totales 6300 mm3, linfocitos
totales 500 mm3, plaquetas 226000 mm3. Se solicita telerradiografía de tórax la cual muestra infiltrado
intersticial bilateral de predominio derecho
(Figura 1).
Se diagnostica neumonía y se inicia tratamiento
con claritromicina 15 mg/Kg/día por sospecha de
agentes atípicos y se solicita IgM para Mycoplasma
pneumoniae; por posibilidad de aspergilosis pulmonar;
también se solicita antígeno galactomanano y
se inicia anfotericina B a 1 mg/Kg/día. Ante la pandemia
de Influenza A (H1N1), se toma reacción de
polimerasa en cadena (PCR) y se agrega oseltamivir
al manejo. Se agrega al abordaje diagnóstico búsqueda
de bacilos acido-alcohol resistentes (BAAR)
en esputo. Se reportan negativos la serología para
M. pneumoniae, antígeno para Aspergillus spp. y
PCR para Influenza A (H1N1).
El 22 de diciembre de 2009 la paciente evoluciona
a insuficiencia respiratoria con datos de hipoxemia
de 60%, ameritando ventilación mecánica
asistida y manejo en terapia intensiva. Se amplía
cobertura antimicrobiana a meropenem 60 mg/Kg/
día y se agrega, por insuficiencia renal aguda, teicoplanina
6 mg/Kg/día y voriconazol 10 mg/Kg/día.
La paciente muestra datos de linfopenia desde su
ingreso, por lo cual se agrega trimetroprim/sulfametoxazol
a 20 mg/Kg/día. El 31de diciembre de
2009 se reporta aspirado bronquial con Pneumocistis
jirovecii. Se indica trimetoprim-sulfametoxazol
a 20 mg/Kg/día por 21 días. Persiste febril, con
sospecha de síndrome hemofagocítico, se realiza
aspirado de médula ósea el 12 de enero de 2009
sin hemofagocitosis. El reporte histopatológico encuentra
hipocelularidad acentuada con cambios de
regeneración y un BAAR positivo compatible con
tuberculosis medular. Se documenta también BAAR
positivo en aspirado bronquial correspondiente a
complejo Mycobacterium tuberculosis mediante hibridización
con sondas de DNA; el 13 de enero de
2010 inició manejo con isoniazida 10 mg/Kg/día,
rifampicina 15 mg/Kg/día, etambutol 20 mg/Kg/día
y pirazinamida 25 mg/Kg/día. Evoluciona hacia la
mejoría pulmonar, lográndose extubación exitosa
el 25 de enero de 2010.
El 06 de febrero de 2010 presenta crisis convulsivas
tónico-clónicas generalizadas que cedieron
con la administración de diazepam 0.25 mg/Kg/
dosis, controladas con valproato de magnesio a 5
mg/Kg/día. Se realizó punción lumbar, misma que
se suspendió inmediatamente por salida de líquido
a presión el cual únicamente se envía a cultivo
bacteriano que no mostró crecimiento. Se realizó
resonancia magnética cerebral con zonas de reforzamiento
anular o nodular en parénquima cerebral
en regiones frontales y temporales que pueden estar
en relación a tuberculomas (Figura 2 y 3). El
electroencefalograma del 18 de febrero de 2010
muestra lentificación generalizada de predominio
en la región frontal izquierda no paroxístico.
Se obtiene crecimiento de micobacterias en
Lowenstein-Jensen identificadas como complejo
Mycobacterium tuberculosis mediante hibridización
con sondas de DNA y se envía cultivo en Middlebrook
al Instituto Nacional de Ciencias Médicas y
de la Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ) para
tipificación y sensibilidades de la micobacteria. Se
reporta M. bovis y se suspende pirazinamida dejando
cuádruple esquema antifímico con isoniacida 10
mg/Kg/día, pirazinamida 25 mg/Kg/día, etambutol
20 mg/Kg/día y ciprofloxacino 30 mg/Kg/día.
Figura 1. Radiografía de tórax PA con infiltrado intersticial
bilateral de predominio derecho..
Figura 2. Resonancia magnética de cráneo, corte sagital con
lesión isointensa y reforzamiento anular a nivel cortical parietal
derecho..
Figura 3. Resonancia magnética de cráneo, corte axial con lesión
cortical derecha isointensa y reforzamiento anular.
A la exploración física se encontró:
peso 52Kg (percentila 75), talla
152 cm, (percentila 50), FC 90/min,
FR 20/min, temperatura 39ºC, T/A
110/70 mmHg, edema, induración
y dolor intenso a la palpación del
parpado izquierdo con imposibilidad
para su apertura, dificultad
por dolor para mover el globo ocular
(Figura 1). No se pudo valorar
proptosis por imposibilidad para
abrir el parpado; faringe normal,
descarga posterior retronasal, resto
de exploración física normal. Se
hace el diagnóstico de celulitis periorbitaria,
a descartar compromiso
orbitario secundario a sinusitis,
por lo que se solicita tomografía axial computarizada
(TAC) de cráneo y senos paranasales, la cual muestra
la presencia de proptosis y edema de tejidos blandos,
con lo que se corrobora el diagnóstico de celulitis orbitaria,
así como sinusitis frontal y etmoidal bilateral
con disrupción ósea a nivel del receso frontal izquierdo,
con incipiente desviación septal media izquierda
(Figura 2 y 3). La biometría hemática reportó: Hb
15g/dL, Hto 43%, leucocitos 8,200mm3, neutrófilos
71%, linfocitos 26%, plaquetas 304,000/mm3, VSG 34 mm/1h, PCR 20.3 mg/dL. Se inició manejo con
clindamicina a 40mg/Kg/día por vía intravenosa y se
decide drenaje de absceso palpebral izquierdo, presentando
evolución clínica satisfactoria, con mejoría
del edema palpebral en las primeras 48 a 72 horas
y remisión de las manifestaciones clínicas a los 14
días, por lo que se da de alta sin complicaciones, para
completar tratamiento antimicrobiano por vía oral
durante 21 días.
Discusión
La respuesta inmunológica es uno de los factores
de riesgo más comúnmente encontrados en el desarrollo
de enfermedad tuberculosa. Niños infectados
por el virus VIH y otras formas de inmunocompromiso
(tales como desnutrición severa o uso de
fármacos inmunosupresores) tienen riesgo de cursar
con enfermedad sistémica similar al de menores
de 2 años, incidencia que va de 10 a 20%.1 Estos
pacientes tienen respuesta inmune celular subóptima
y demuestran pobre contención del organismo
tanto en nódulos linfáticos regionales como en los
múltiples sitios de diseminación hematógena.
El diagnóstico de tuberculosis en los niños se
basa en la combinación de hallazgos clínicos compatibles
y de al menos dos de los siguientes cinco
criterios: 1) prueba cutánea positiva a la tuberculina
(PPD); 2) antecedente de contacto positivo; 3)
anormalidades en el examen radiográfico de tórax;
4) cultivo de M. tuberculosis o baciloscopías positivos;
y 5) biopsia de cualquier lesión con hallazgos
histopatológicos compatibles.3
El diagnóstico de la tuberculosis extrapulmonar
es difícil dada la naturaleza inespecífica de la enfermedad y por la falta de una prueba de rastreo
simple, por lo que es necesario un gran índice de
sospecha para hacer el diagnóstico. La tuberculosis
extrapulmonar no es infrecuente en pacientes
con lupus eritematoso sistémico. En un estudio
retrospectivo de pacientes con lupus eritematoso
sistémico y tuberculosis se encontró que 47.6%
correspondía a infección pulmonar y más de la mitad
(52.4%) a formas extrapulmonares, y las manifestaciones
clínicas más constantes fueron fiebre y
tos.4 En esta paciente inicialmente sólo se sospechó
de tuberculosis pulmonar ante el cuadro clínico de
neumonía con imagen radiológica micronodular difusa
bilateral. Otro estudio en Hong Kong refiere
formas miliares o extrapulmonares en 67% de los
pacientes con lupus y tuberculosis.5 En este caso,
se hizo diagnóstico de tuberculosis sistémica con
el hallazgo histopatológico en biopsia de médula
ósea que inicialmente se solicitó en búsqueda de
células hemofagocíticas.
La afección del sistema nervioso central en forma
de tuberculomas es infrecuente y actualmente
corresponde sólo a 1.5% de las lesiones intracraneales.
Los bacilos alcanzan el parénquima cerebral
por vía sanguínea; se asientan predominantemente
en áreas corticales posiblemente por la rica vascularización
que existe en dicha zona. Las manifestaciones
clínicas dependen de la localización de la
lesión y pueden presentar uno de dos síntomas clínicos:
síndrome de hipertensión intracraneal (que
es el más común) y síntomas neurológicos progresivos
sin hipertensión intracraneal, se describen con
mayor frecuencia cefalea y convulsiones.6 En esta
paciente se realizó resonancia magnética cerebral
posterior a que presentó crisis convulsivas tónicoclónicas
generalizadas. Se encontraron lesiones
corticales de forma bilateral en el lóbulo frontal
y parietales, hallazgos similares a lo descrito en la
bibliografía. El principal diagnóstico diferencial de
éstas lesiones es la neurocisticercosis.
El estándar de oro diagnóstico es la confirmación
bacteriológica mediante frotis con tinción para BAAR, positivo en 15% de muestras de esputo
o lavado gástrico.7 En esta paciente se realizaron
3 aspirados bronquiales a través de cánula orotraqueal
y uno de ellos evidenció la presencia de
micobacterias que posteriormente fueron identificadas
como complejo Micobacterium tuberculosis.
De este complejo, la principal causante de infección
en humanos es M. tuberculosis, lo que justifica el
tratamiento con isoniazida, rifampicina, etambutol
y pirazinamida; M. bovis en segundo lugar donde
la importancia de su identificación es la resistencia
intrínseca a pirazinamida a través de enzimas que
la inactivan, ameritando el uso de otro antifímico
para completar el esquema cuádruple. En menor
medida participan M. africanum y M. microti; éste
último no es patógeno en humanos.
El esquema de tratamiento farmacológico en
este paciente consistió en dos fases: la primera con
isoniazida (10 mg/Kg/día), rifampicina (15 mg/Kg/
día), etambutol (20 mg/Kg/día) y ciprofloxacino (30
mg/Kg/día) esta última droga posee M. bovis; habitualmente
dura 2 meses, sin embargo, en pacientes
inmnunosuprimidos (especialmente en aquellos
con infección por VIH) se recomienda extender la
fase intensiva hasta 4 o 6 meses. La segunda fase
dura 4 meses en pacientes inmunocompententes,
extendiéndose a 6 o 12 meses para aquellos con
sistema inmunológico deficiente y consta de isoniazida
(10 mg/Kg/día) y rifampicina (15 mg/Kg/
día).
Conclusiones
La tuberculosis es una enfermedad infecciosa que
se puede asociar a pacientes con lupus eritematoso
sistémico y que puede presentar manifestaciones
pulmonares y extrapulmonares frecuentemente
con clínica inespecífica, por lo que la alta sospecha
es clave para el diagnóstico oportuno y el tratamiento
que, en el caso de pacientes inmunosuprimidos,
debe ser de mayor duración.
1. Nelson L, Schneider E, Wells C, et al. Epidemiology of childhood tuberculosis in the United States, 1993-2001: the need for continued vigilante.
Pediatrics 2004;114:333-41.
2. Marais BJ, Gie RP, Schaaf HS, et al. Childhood pulmonary tuberculosis old wisdom and new challenges. Am J Respir Crit Care 2006;173:1078-
90.
3. Hall CB, Granoff DM, Gromisch DS, et al. Screening for tuberculosis in infants and children. Pediatrics 1994;94:1-7.
4. Hou CL, Tsai YC, Chen LC, Huang JL. Tuberculosis infection in patients with systemic lupus erythematosus: pulmonary and extra-pulmonary infection
compared. Clin Rheumatol 2008;27(5):557-63.
5. Tam LS, Li EK, Wong SM, Szeto CC, Risk factors and clinical features for tuberculosis among patients with systemic lupus erythematosus in Hong
Kong. Scand J Rheumatoi 2002;31(5):296-300.
6. Noriega L, Villarreal F. Tuberculomas cerebrales múltiples. Rev Neurol 2003;37(6):531-5.
7. Zar HJ, Hanslo D, Apolles P, Swingler G, Hussey G. Induced sputum versus gastric lavage for microbiological conformation of pulmonary tuberculosis
in infants and young children: a prospective study. Lancet 2005;365:130-4.